Domingo, 28 de junio de 2009

El ingenio hiriente.

La maledicencia es la horrible costumbre que tiene la gente de decir, a espaldas de uno, lo que es absolutamente cierto. Oscar Wilde.


Aquel sabio de la antigüedad que inventó la máxima «conócete a ti mismo» pudo haber añadido «... y no se lo cuentes a nadie». H.F. Henrichs.


Los hijos han crecido cuando dejan de preguntar de dónde vienen y se niegan a decir adónde van. Chancing.


La locura es hereditaria: te la pueden contagiar tus hijos. Sam Levenson.


Del que opina que el dinero puede hacerlo todo, cabe sospechar, con fundamento, que será capaz de hacer cualquier cosa por dinero. Benjamin Franklin.


A veces se leen artículos necrológicos tan elogiosos que a uno le dan ganas de morirse. Noel Clarasó.


A menudo, la oportunidad llama a la puerta, pero cuando quieres quitar la cadena, correr el cerrojo, desenganchar dos pestillos y desconectar la alarma, es demasiado tarde. Rita Coolidge.


Se puede confiar en las malas personas; no cambian jamás. William Faulkner.


No critiques a tus enemigos, que, a lo mejor, aprenden. Juan Goytisolo.


Si quieres, confía en la pata de conejo... pero recuerda que no le sirvió de nada al conejo. R.E.Shay.


Es mejor tener la boca cerrada y parecer estúpido, que abrirla y disipar toda duda. Mark Twain.


Perdona siempre a tu enemigo. No hay nada que le enfurezca más. Oscar Wilde.


El periodismo justifica su propia existencia por el gran principio darwiniano de la supervivencia de lo más vulgar. Oscar Wilde.


Y una narración para reflexionar:

LA RANA Y EL ESCORPION

Un escorpión, que deseaba atravesar el río, le dijo a una rana:
-Llévame a tu espalda.
-¿Que te lleve a mi espalda! -contestó la rana- ¡Ni pensarlo! ¡Te conozco! Si te llevo en mi espalda, me picarás y me matarás!!!
-No seas estúpida!- le dijo entonces el escorpión- ¿No ves que si te pico te hundirás en el agua y yo, como no sé nadar, también me ahogaré?
Los dos animales siguieron discutiendo hasta que la rana fue persuadida. Lo cargó sobre su resbaladiza espalda, donde él se agarró y empezaron la travesía.
Llegados al medio del gran río, allí donde se crean los remolinos, de repente el escorpión picó a la rana. Esta sintió que el veneno mortal se extendía por su cuerpo y, mientras se ahogaba, y con ella el escorpión, le gritó:
-Ves! te lo había dicho! Pero ¿qué has hecho?
-No puedo evitarlo-  contestó el escorpión antes de desaparecer en las aguas-
Es mi naturaleza....


Publicado por titosotelo @ 19:04  | Culturales
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