Jueves, 17 de enero de 2019
Es interesante observar que la historia de la humanidad hubiera sido diferente si se hubieran presentado de otra forma los hechos.
Y de esa manera bien podríamos decir que: ¡Otra hubiera sido la Historia!
EN BROMA Y EN SERIO. (Para pensar sonriendo)
Asimismo Hipócrates y Galeno, los padres de la Medicina, ni siquiera  soñaron con las vacunas, los antibióticos, los hospitales, las transfusiones de sangre, la anestesia, los marcapasos, los Rayos-X ni los asombrosos avances médicos modernos. Es más: nunca imaginaron que existieran los gérmenes ni los virus. Y si hubieran conocido a Luis Pasteur, lo hubieran considerado como una especie de semidiós.
Los faraones de Egipto no conocieron las grúas, el acero, el cemento, ni contaron con herramienta pesada para construir las pirámides... pero vean lo que lograron.
¡Y nada más imaginen lo que hubieran logrado Tales de Mileto, Sócrates, Platón y Aristóteles si hubieran contado con una grabadora! También imaginemos a Virgilio con sus Églogas y sus Bucólicas. Y a Horacio con sus Sátiras.
Ah, y las inmortales TRAGEDIAS de Sófocles, Esquilo, Eurípides y Aristófanes, todos ellos capturados en discos compactos. ¡Qué maravilla! 
Julio César y Alejandro Magno jamás conocieron los cañones ni la pólvora, así como tampoco disfrutaron de una buena pizza, de una película o de la televisión. Y qué decir lo que hubiera sucedido si en tiempos de Nerón se hubieran popularizado los equipos de futbol para competir en el Coliseo.
Otra hubiera sido la historia si los cuatro evangelistas (San Lucas, San Juan, San Mateo y San Marcos) hubieran tenido sendas computadoras. ¡Nada más imagínenlo!
Los textos y fotos del momento podrían haberse enviado directamente y en el instante mismo de estar ocurriendo los hechos a todos los rincones de la tierra  por internet.
También  recordemos que ni Cervantes, Dante, Shakespeare, Dostoievski, Tolstoi ni Oscar Wilde jamás  tuvieron una máquina de escribir.
Es importante darnos cuenta que los Vikingos viajaron sin brújulas, y que Cristóbal Colón no pudo llevar alimentos enlatados, ni siquiera una simple
y rústica hielera para transportar unas cervecitas bien frías para el viaje.
A pesar de su poderío y de sus lujosos palacios, los reyes de Francia nunca supieron lo que era un cuarto de baño, ni siquiera un sanitario (ni papel). Los jardines de Versalles eran unos artísticos laberintos para que las damas de la corte pudieran ocultarse y levantarse sus ampulosas faldas para hacer sus necesidades.
Simón Bolívar, San Martín, Napoleón y Pancho Villa jamás tuvieron en sus manos un rifle AK-47, ni lo imaginaron siquiera. George Washington y Benjamín Franklin nunca pudieron tomar un taxi o manejar una moto para llegar con rapidez adonde querían ir, ni contaron jamás con una pastilla para el dolor de cabeza.
Beethoven, quien pasó los últimos años de su vida totalmente sordo, no pudo usar audífonos para escuchar sus propias composiciones en un equipo de alta fidelidad. Y Mozart, Donizzeti, Verdi y Puccini no pudieron escuchar nunca sus óperas grabadas en un disco compacto para disfrutarlas tranquilamente en sus casas.
Simplemente imaginemos cuán diferente hubiera sido la Historia si Heródoto, Plinio el Viejo (Vesubio), Marco Polo y Bernal Díaz del Castillo hubieran tenido sendas cámaras filmadoras para reseñar sus vívidas descripciones históricas.
Asimismo las seis esposas de Enrique VIII de Inglaterra quizá hubieran salvado la vida, o corrido con mejor suerte, si hubiera existido en esa época el divorcio. ¡Todo hubiera sido diferente!
Si las costureras de la Edad Media hubieran contado con máquinas de coser; si Carlo Magno hubiera tenido unos prismáticos para dirigir sus batallas; si Hernán Cortés hubiera tenido un diccionario bilingüe y Josefa Ortiz de Domínguez hubiera conseguido un teléfono celular...
Ah, entonces... ¡otra hubiera sido la historia!
Imaginen lo que hubiera avanzado el mundo si Pitágoras hubiera tenido una calculadora y Moisés unos lentes obscuros para protegerse del sol durante su famoso y largo viaje del EXODO por el desierto.
Si Carlos Lindbergh hubiese contado con radar en su avión y los zares de Rusia con una televisión para ver las imágenes de las provincias que se estaban rebelando.
Ah, pero lo máximo hubiera sido si se hubieran podido transmitir por televisión en aquellas épocas pretéritas “en cadena nacional, en vivo
y a todo color” estos grandes acontecimientos de la historia:
¡Esos sí que hubieran sido unos verdaderos exitazos!
El Sermón de la Montaña, la toma de Constantinopla por los turcos, el Concilio de Trento, la coronación de Josefina por Napoleón, la toma de la Bastilla y el estreno de la ópera AÍDA en El Cairo.
PERO a pesar de todo, sin brújulas, grúas, concreto, técnicas modernas de construcción y demás inventos, se hicieron grandes obras. ¡Y vaya que sí!
SIN EMBARGO, en lugar de estar agradecidos por lo que hoy tenemos, nos quejamos de una y mil tonterías: que no tenemos todo lo que queremos, que esta vida es “insufrible” y muchas cosas más.
He aquí algunas cosas que hoy nos sacan de quicio:
¡Maldición! Se acabó el rollo de papel; se me quemó el pan en la tostadora; me cortaron el teléfono; no encuentro mis gafas; me aprietan estos zapatos; no arranca la batería del auto; no hay estacionamiento; me robaron la antena; está muy lento el tráfico; el vuelo viene retrasado; que lluvia tan inoportuna; no se me quita esta maldita gripe; se fue la luz; hay mucho ruido aquí; callen ese perro; mi reloj se adelanta; está muy caro el pasaje; se le acabaron las pilas a este aparato; se le cayó el sistema a la computadora; se descompuso la televisión; se me desinfló una llanta; no funciona este horno de micro ondas; ¡uuf! me estoy muriendo de calor; hay demasiada gente formada en esta ventanilla...¡y mil cosas más!  ¿No es cierto? ¡Pero si eso no tiene mayor importancia! Y aquí transcribo las sabias palabras de mi padre, quien las decía medio en broma y medio en serio: “Como quiera que sea, estamos mejor que si estuviéramos peor.”
Ah, pero nadie pone atención (o por lo menos no comenta) tantas cosas agradables que están a nuestro alrededor si tan sólo les brindáramos una poca de atención.
Por ejemplo: ¡Qué bonito día! Que agradable brisa está soplando; qué preciosas nubes; qué bonito está cantando ese pájaro; que bello paisaje; que bien huelen esas flores; mmm! qué sabroso platillo; que música tan hermosa están tocando; que bonita sonrisa tiene esa niña; que bien te queda ese color. Y en fin: ¡que bella es la vida! ¿Por qué no podemos ser así?
Hay que meditar que en realidad tenemos más ventajas, facilidades  y comodidades hoy en día que las que tuvieron nuestros antepasados, y habría que darle gracias a Dios por eso. Hay que reconocerlo. Todos deberíamos hacernos esta pregunta: “¿Merezco más de lo que tengo, o tengo más de lo que merezco?”
REFLEXION FINAL: Nuestro paso por este mundo es muy corto y no deberíamos perder el tiempo en quejarnos ni en criticar la vida. Ella hace lo que puede... y lo que nosotros le permitimos que haga.  Medítenlo.

Publicado por titosotelo @ 11:49  | Culturales
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