01 de abril de 2020
DIARIO DE UN ANORMAL Capitulo III
He pasado muy mala noche. Tengo tantos dolores en los moratones que cualquiera diría que me ha pasado por encima un tráiler. He llegado a la cocina con una mano en los riñones y medio cojeando. Igualito que Chiquito de la Calzada. Pero una buena taza de café y una caja enterita de Nolotiles comienzan a hacer su efecto.
Enciendo la tele mientras me tomo el cafelito y en todas las cadenas están echando películas de médicos y hospitales. A mi ese cine no me gusta porque siempre salen médicos guaperas que no paran de ligar. Pero esta vez, por lo visto son series españolas porque en la Sexta salía Ferreras haciendo un cameo fingiendo el papel de que los entrevistaba. Bah, luego tienen la santa pachorra de decir que estas películas están basadas en hechos reales.
He encontrado una cadena en la que hacían anuncios de teletienda. Vendían un chisme, el Wipper Tripper, que por lo visto es un aparato que te quita las almorranas en quince días. Un gordo salía dando testimonio de que ya no necesita sentarse encima de un flotador para evitar el escozor.
Y zapeando, zapeando he encontrado un canal en el que una bruja echaba las cartas del Tarot.
De repente lo he visto claro. ¡La solución a mi crisis de identidad! La llamo y que me adivine el pasado y de ese modo recuperaré la memoria o por lo menos sacaré algún dato nuevo.
Marco y me pasan en directo con ella:
- Hola cariño, ¿en qué puedo ayudarte?, ¿En el amor tal vez?, ¿Qué horóscopo eres?
- No lo sé señora bruja. La llamo precisamente para eso. Y de paso para que me adivine quien soy.
- ¿Me está tomando el pelo? – me dice mosqueada – Porque me está pareciendo a mí que es usted Gilipollas.
¡Toma por culo! ¡A la primera! Para que luego digáis que esta gente no tiene poderes.
- No señora, si eso ya lo sé. ¿Pero me podría ampliar la información, por favor?
- Sí, Gilipollas de nacimiento.
Y oye, la tía se ha puesto a echarme maldiciones a voces, me ha encendido dos velas negras y me ha colgado. Será todo lo vidente que quieras, pero me parece a mí que muy profesional de la tele no es.
Pues nada, me voy a ir al Centro de Salud para que me receten alguna crema o algo para los cardenales que tengo en medio de la espalda. Afortunadamente la cabeza ya no me duele y el chichón va menguado. Ya lo tengo como una pelota de tenis.
Esta vez tomo mis precauciones. Seguramente la policía me tiene enfilado por alguna cosa de mi pasado porque no veo normal que me den más palos que a una estera cada vez que salgo a la calle. Voy a salir de incógnito. Así que me he puesto un chándal, unas zapatillas y una gorra para ocultar el chichón. No creo que sospechen que soy yo cuando me vean haciendo deporte por la calle. Eso nunca llama la atención.
¡Una mierda para mí! MI plan B ha fracasado estrepitosamente porque ha sido poner un pie en la acera y otra vez el grupo de dementes de mi barrio a gritar como posesos:
GILIPOLLAS, GILIPOLLAS, GILIPOLLAS.
He echado a correr que no me hubiera alcanzado un galgo y en menos de cinco minutos he entrado en el centro de salud sudando como un botijo, jadeando y con una mano en el costado porque me había entrado flato. No estoy acostumbrado al deporte y por culpa del tabaco me he puesto a toser en la sala de espera que estaba abarrotada de gente.
Inmediatamente todos se han alejado de mí y estaban en un rincón como si fuera yo a tirar un córner. Todos menos un abuelete que por lo visto el hombre no estaba bien de las piernas y no ha podido salir pitando. Eso sí, los brazos los tenía de puta madre porque se ha hinchado a darme golpes con una muleta. – Vete de aquí a tomar por culo, Gilipollas. – me decía en pleno desenfreno de golpetazos.
Para zanjar el asunto, un guarda de seguridad que estaba en el Ambulatorio me ha sacado a base de patadas en el culo con ese cacho botas que calza esa gente.
¡Qué bien me hubiese venido tener un Wipper Tripper cuando llegase a casa!
No sé qué hacer ni a donde ir. Por cada calle que paso de regreso a casa siempre hay algún energúmeno que me delata constantemente gritando mi nombre como si no hubiese un mañana.
Oigo a lo lejos una sirena de un coche patrulla y me pongo a correr de tal modo que si el del libro Guinnes me llega a ver le quita el récord a Usain Bolt y me lo da a mí.
Total, que he llegado a casa hecho un cromo. Incapaz de subir un solo escalón me he metido en el ascensor sin recordar que no funcionaba. Decididamente, en cuanto mejore un poco debo tomar medidas porque probablemente dejo bastante que desear como presidente de la Comunidad.
Como he podido he llegado por fin a casa y tras cerrar de un portazo me he sentido seguro.
Ha sido sentarme y tener que volver a levantarme porque ha sonado el teléfono:
-Dígame
Una señorita con acento sudamericano:
- Hola, buenos días señor. MI nombre es María Adela, le llamo desde Vodafone para que obtenga usted grandes ofertas que tenemos para clientes nuevos. ¿Con quién tengo el placer de hablar?
- Con Gilipollas.
Unos segundos de silencio y luego continuó:
- Bien, señor Gilipollas, es un gusto hablar con usted para invitarle a que venga con nosotros para disfrutar de grandes ventajas que ponemos a su disposición en nuestro nuevo Club de Clientes Nuevos con ofertas especiales.
- Mire usted señorita, yo no puedo ir a ese club en este momento.
- ¿Acaso tiene usted contrato con alguna otra compañía?
- No señorita, pero si yo le contara… No puedo ir a ningún sitio porque sinceramente: Ya no tengo huevos de salir a la calle para ir a ninguna parte.
Y la he colgado. No tengo yo el cuerpo para fiestas….
La Consuelo a todo esto no sé dónde está. Desde el sermón que me echó anoche tiene un mosqueo que no me habla. En la nevera ha dejado un posit:
 “Si vas a salir compra pan”.
Si…. Los cojones.

Publicado por titosotelo @ 23:37  | Graciosos
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Comentarios
Publicado por Invitado
25 de mayo de 2020 | 22:42

Esta usted difundiendo una obra con derechos de propiedad intelectual. Su autor es JUAN VICENTE SANCHEZ DIAZ.

Debería citar la fuente para no arriesgarse a tener problemas legales. Un saludo