01 de abril de 2020
DIARIO DE UN ANORMAL Capitulo IV-V-VI
Mi mujer ha vuelto a casa. Resulta que había ido a hacer compras. Yo creo que de alguna manera a ella también la ha afectado el golpe que me di yo porque tiene un comportamiento extraño. Ha traído 10 paquetes de rollos de papel higiénico. Yo desconozco para qué querrá tanto papel, pero ha pasado delante de mí y ni siquiera me ha dirigido la palabra. Yo creo que tiene un carácter excesivamente arisco para mi gusto.
De repente he tenido un flash de memoria. Me he asomado a la ventana y he visto un coche y me han venido recuerdos de ir conduciéndolo. Así que me he puesto a revolver cajones para buscas las llaves y largarme esta tarde a algún sitio en el que pueda ir tranquilamente sin que nadie me conozca. Sobre todo, la policía.
Al final las he encontrado en mi mesilla de noche. He pulsado el botoncito de apertura y las luces del coche han parpadeado. Efectivamente, es el mío.
Me he quitado el chándal y buscada ropa en el armario. Para no ser reconocido me he puesto las de mi mujer, con minifalda, tacones, peluca rubia… vamos, que me apuesto lo que sea que esta vez no me reconoce nadie por la calle. También he cogido una bolsa con ropa mía para cambiarme cuando no corra el peligro de ser reconocido en otros barrios.
Y sigilosamente he bajado por la escalera hasta llegar al coche. Me he metido dentro rápidamente y he debido engañar bien a mis vecinos o les he pillado desprevenidos porque no se ha oído un alma. Jeje, ¡Que se jodan!
Arranco y salgo de mi avenida en dirección norte. Me da igual dónde sea, en cuanto salga a la autopista me pararé en un área de servicio, me cambiaré de ropa en el wáter y me tomaré algo en el bar. Porque yo no sé qué mosca les habrá picado a los bares de mi barrio que están todos cerrados. Igual están de huelga.
Me sentí a gusto escapando de mi vecindario. En la radio estaba cantando el José Luis Perales y subí el volumen. Me gusta a mí este tío porque me siento identificado con sus letras. Y me puse a cantar con él. “¿Y quién es el, en qué lugar se enamoró de ti….?
Y cuando ya iba a enfilar el desvío me encuentro con un control de carreteras. Supongo que están buscando terroristas o traficantes de droga. Muy bien por la Guardia Civil. A los maleantes hay que atarlos en corto.
Un sargento se acerca a la ventanilla del coche y me saluda militarmente. Luego golpea un poquito el cristal para que lo baje y preguntarme algo.
- ¿Dónde va usted señora? Muéstreme el justificante de desplazamiento, haga el favor.
- ¡Justificante de desplazamiento! ¿Qué es eso señor agente? - le dije mientras bajaba el volumen de la radio.
- ¡No me diga que no se ha enterado de que estamos en estado de alerta y que no lleva justificante! Venga, salga del vehículo por favor.
Quiso la fatalidad que al salir se me cayese la peluca. Y maldita mi suerte que apareció como de repente el Guardia andaluz que me molió a palos ayer…
- ¡Mare del amor hermoso! . – se santiguó- Ya lo que me faltaba por vé!. Ezto es inaurdito!.
Me miró de arriba abajo
- ¡Ohú, ohú, Me vi a cagá en mis muertos! . Ya tenemos aquí al Gilipollas de nuevo!. Te vi a poner una murta que me va a fartá papel pa poné la cantidá!. Y te vas a vení detenío par cuartelillo. ¿Es que no tuviste ayer bastante escarmiento?
¡Y ya puedes decir que estás de suerte y me pillas de buenas que si no te iba a dar palos suficientes como pa que te hagas un fuerte! Gilipollas, que eres Gilipollas. ¡Hay mare mía que mal está pago este ofisio pa lo que tiene uno que aguantá!.
Me esposaron y el sargento se empeñó en que nos hiciéramos un selfie porque decía que necesitaba la foto de recuerdo para enseñársela a sus nietos cuando fuera viejo.
Total, que me metieron otra vez en el calabozo, pero esta vez no estaba solo, estaba también encerrado un individuo mal encarado que cuando me vio comenzó a insinuarse. Sentí auténtico miedo porque nunca se sabe lo que pudiera pretender ese degenerado.
Tras veinte minutos de angustia en aquella celda, aguantando los piropos de ese energúmeno, empeñado en que le diera las braguitas. Yo no quise ceder a esas aberraciones. Y afortunadamente apareció otra vez el Guardia Civil.
-Que hemos llamao a tu muhé y dice que no va a vení a pagá la fiansa ni ná. Que la tienes hasta er chichi. Asín es que te vamo a llevar ar jurgao pa que te meta er juez en la carsel.
Y dicho y hecho, un poco después estaba delante del juez. Un señor muy mayor. Cuando me vio aparecer se quedó observándome como atontado. Se quitó y se puso varias veces las gafas y al final me pareció a mí que se fijaba demasiado en mi minifalda y en mis piernas. El tío marrano.
-¿Cómo se llama usted caballero?
- Gilipollas
-Perdón, ¿Cómo ha dicho? – me dijo poniéndose en pie.
Igual es que el hombre era duro de oído, así es que se lo dije en voz alta y separando una sílaba de otra para que se diese por enterado:
-Gi - li - po - llas.
Se puso rojo como si le fuera a dar un síncope, los guardias civiles que me escoltaban soltaron una risotada y comenzó a golpear con la maza de madera en la mesa. Empezó a gritar como si se creyera que los demás también estuviéramos sordos….
- ¡Desacato a la autoridad, insulto al Juez, conducta depravada, desobediencia civil, travestismo, y no voy a seguir porque entonces le meto la revisada permanente…!
-Creo que hasta le salía espuma por la boca.
-Cinco mil euros de multa. – Y dense prisa en llevárselo antes de que me arrepienta.
Mientras salíamos de la sala seguíamos oírle gritar:
-Que vaya mañana mismo al psiquiatra a que le haga un análisis antes de que le rompa el martillo en la crisma. ¡Y póngale unos pantalones que se le transparenta la falda y no lleva calzoncillos!
Los guardias me sacaron para meterme en su coche y llevarme a casa. Uno de ellos, yo creo que era muy buena persona porque por el camino me dijo conmovido:
- Se va usted a buscar una ruina. Desde luego que para que haga estas cosas debe ser usted verdaderamente gilipollas.
- Pues eso… le contesté.

Publicado por titosotelo @ 23:40  | Graciosos
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