01 de abril de 2020
Diario de un Anormal VII-VIII
Subo las escaleras y llamo al timbre porque no llevo las llaves de casa. Consuelo abre la puerta y horrorizada me echa una mirada de arriba abajo como si estuviese viendo al mismísimo ministro de hacienda en persona.
Recuperada del jamacuco inicial pone los brazos en jarras para echarme una bronca de esas monumentales a las que ya me voy acostumbrando. Intenta articular palabras haciendo un gran esfuerzo y muecas imposibles de definir con palabras. Solo consigue exclamar con un hilito de voz:
Hiiiiiiiiiiiiiiiii.
Luego se desinfla como un globo, sus brazos ya no definen una postura enérgica sino que se deslizan lánguidos e inertes hacia abajo. Da media vuelta y lloriqueando sale de estampida hacia el dormitorio.
-Pero Consuelo, cariño…. Deja que te explique. No te lo vas a creer…. – Le digo sin abrir la puerta de la habitación pero dando ligeros golpecitos con los nudillos.
-Déjame en paz, Gilipollas. No gano para disgustos contigo. No tienes mañana nada más que para amargarme la vida. – Y se oye un trajín de actividad inusual en la alcoba.
-Pero cari, tú no lo entiendes, todo tiene una explicación.
- No creo que tengas un motivo razonable para ir por la calle vestido como un espantapájaros dejándome en evidencia ante todo el vecindario. ¡Qué vergüenza, Dios mío!! No te aguanto…
-Yo te explico: vengo así porque me he hecho de vientre en la consulta del médico y la guardia civil ha sido tan amable de dejarme estas ropas para llegar a casa.
-¡Que te has cagado en la consulta del médico. ! ¡Mira, ya lo que me faltaba por oír!! - exclamó ya con un tono de voz más alto y sensiblemente mucho más lastimero. - No puedo más. Esto colma mi paciencia para tres reencarnaciones.
Considero inútil seguir esta conversación hasta que ella se tranquilice. Entro en el cuarto de baño y me doy una buena ducha a fondo. Me hecho un poco de crema hidratante verde a base de pepinillo en el chichón y en la cara. Oigo un portazo en la entrada y salgo cubierto con una toalla grande.
En la puerta una nota:
No puedo más: Ne voy con mi madre.
Y ya te puedes ir con esa Consuelo a la que tanto nombras
Yo me llamo Angustias. ¡Dios, que bien me cuadra este nombre...!
¡Además de adúltero eres Gilipollas!
Pues nada, que aquí estoy nuevamente solo en casa hasta que la tormenta escampe.
Y me dirigí a mi cuarto para vestirme decentemente cuando sonó el timbre. Pensé que era Consuelo o Angustias o como leches se llamara mi parienta, arrepentida de su fea acción y dispuesta a pedirme perdón y comerme a besos… Estas disputas entre matrimonios siempre han tenido solución en la cama de toda la vida de Dios.
Abrí la puerta sujetándome la toalla que llevaba a la cintura con la otra mano y exclamando:
-Entra en casa cariño, resolveremos esto haciendo el amor apasionadamente.
Pero mira por donde, mi hipóstasis tenía algunas lagunas porque no era ella.
¡Era un cura vestido con sotana, bonete, escapulario, alzacuellos y toda la pesca!! Se retiró un poco de la puerta dando un par de pasitos atrás y me miró con ojos desorbitadamente abiertos mientras no paraba de santiguarse… Luego sacó una cruz de madera de uno de los bolsillos de la sotana y me la mostró con el brazo extendido.
-En el nombre de Dios, hijo mío… Los vecinos tenían razón. Me han enviado a que te hiciese una visita porque aseguran que algo malo debe haberte poseído. Ahora veo que una pizca de razón lleva.
Sacó del otro bolsillo un cacharrito metálico como un pimentero, pero con agua y comenzó a agitarlo en dirección a mi cabeza y a salpicarme gotitas de agua.
-Vade retro, satanás, gritaba y en la escalera retumbaba su voz como si de una catedral se tratase. Deja en paz a nuestro hermano….
¡Cómo te llamas hijo mío? – me preguntó para continuar con su exorcismo.
-Gilipollas
Síntomas claros de posesión, pensó el sacerdote. Todo el mundo sabe que los endemoniados insultan al cura. Y continuó con una larga perorata de palabras en latín sin dejar de echarme agua como un loco.
Tanta salpicadura de agua en la cara hace que la crema verdosa que me había echado comience a correrse hacia abajo como si fuese rimmel.
Me acercó la cruz de madera hasta tocarme la frente con ella.
- Haec arma mea Beelzebub vocaverunt. Omnipotens est tibi. * (Estas son mis armas belcebú. Todopoderosas ante las tuyas).
A mí ya me estaba incomodando bastante estas cosas del cura sin venir a cuento. Es cierto que no soy muy creyente y que no suelo ir a misas nada más que a bautizos y bodas pero eso de la misa a domicilio 2.0 no lo había visto nunca.
-Hic est virtus divina. Ostende mihi faciem tuam * (Este es el poder divino. Muéstrame el tuyo)
Yo no entiendo todos esos latinajos que me está soltando el cura. En un intento de acabar esta situación que me agobia, suelto mi mano de la toalla para alejar la cruz de mi cara.
La prenda cae como a cámara lenta hasta mis tobillos. Y el cura suelta el crucifijo, el pimentero y subiéndose la sotana hasta las rodillas para correr mejor, baja por las escaleras como si se hubiese declarado un incendio…
-Oiga señor cura… - le grité – Se le ha olvidado darme la Ostia…
Algo ha debido de ocurrir antes de mi episodio de amnesia en la Iglesia. ¡Misas a domicilio, curas que interpretan la eucaristía en otros idiomas…! No se… A mi estas moderneces del Papa Francisco como que no me terminan de convencer.
Cierro la puerta y me dispongo a vestirme cuando nuevamente suena el timbre, pero esta vez el de la calle. Agarro el telefonillo para preguntar quién era:
 “Madita stamp inveneris et matrem tuam quae genuit te esse. Abnormes ... assholes. ego exorcijo” * (Maldita sea tu estampa y la madre que te parió. Anormal... gilipollas. Yo te exorcijo).
Como no entiendo lo que me dice, le respondo:
-No, no es aquí. Se ha debido usted equivocar de puerta.
Debo tener algún vecino rumano o algo y seguramente preguntaban por él.
Pues nada, ya estoy aquí otra vez solo y en casa. Me he puesto una camisa blanca y unos vaqueros para estar cómodo. Estoy muy cansado y me tumbo un rato en el sofá para escuchar algo de música o leer algún libro. Pero poco a poco mis ojos se cierran y entro en un profundo sueño.
Nuevamente el timbre de casa. Ya ha amanecido. Por la mirilla veo que es un guardia civil. No me atrevo a abrir. Pero el timbre suena insistentemente como si no hubiese un mañana y comienza también a aporrear la puerta con el puño.
-Abra a la guardia civil. O tiraremos la puerta abajo.
Me armo de valor y finalmente abro con una tembladera de piernas que parecía yo un pastel de gelatina. Y el espanto fue a mayores cuando observé que se trataba de mi “amigo” el guardia andaluz.
Me observa y me dice satisfecho:
-¡Hombre, esto es otra cosa. Es la primera ve que le veo a usté vestio de perzona!.
-Ya ve… - le digo sin dejar de temblar.
-Que vengo a recohé las ropas que lan dejao mis compañeros pa que saliera vestio der médico después de cagase”.
Fui al cuarto de baño donde las había dejado. En una mano agarré el mono calabaza bien dobladito, en la otra las chanclas y como no tengo más malos el tricornio me lo puse en la cabeza para poder llevarlo todo en un viaje.
Cuando volví a la puerta de entrada para entregárselo al guardia, descubrí que estaba mirando un bonito cuadro que tenemos en el recibidor. Cuando se percató de mi llegada, me miró y se cuadró militarmente haciendo chocar sus talones.
- A zu ordene mi capitán, zin noveá.
Un milisegundo después se dio cuenta de que era yo…
Hizo un gesto como para darme un pescozón:
-Ya me dao cuenta de que usted no cambia… Es el mismo Gilipollas de siempre.
Me requisó las ropas y el tricornio y cerró de un portazo.
Por les escaleras sólo pude oírle despotricar:
- ¡Me cago en vi vida!

Publicado por titosotelo @ 23:42  | Graciosos
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